Nos siguen vendiendo espejitos de colores | La Poderosa
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Nos siguen vendiendo espejitos de colores



 

El pasado 20 de mayo se cumplieron 429 años de la fundación de la ciudad de la Rioja, y la Provincia decidió festejar con un evento llamado «Destellos de mi Rioja»: un tremendo show del menos 20 cañones de luces instaladas en el cerro. La idea del gobierno era que pueda ser observado desde cualquier punto de la ciudad, desde patios y terrazas, «desde la puerta de sus hogares, desde su corazón de riojanos; podrá ser escuchado y vivido». Indicando que la celebración podía también escucharse por radio. ¿Por qué también? Porque se instalaron 5 megatorres con sonido en cada zona de la ciudad (norte, sur, este, oeste y centro).

 

“Buscamos celebrar la unión de un pueblo, que en medio de una pandemia se mantiene unido, constante” decían en los medios de comunicación, alegando que nos igualaría a la distancia. Ahora, el gasto innecesario de dinero es imaginable de solo ver los equipos que se utilizaron tanto en el cerro, como en las 5 torres. Ese dinero en una situación crítica como la que atravesamos, podría haber sido utilizado, por ejemplo para que las barriadas populares dejen de ser una boca de lobo; sin ir más lejos nuestro propio Virgen Desatanudos, podría haber tenido mucho más que los ocho miseros postes de luz que hay hoy en día para las 115 familias que en él vivimos hace ya nueve años. Al menos otros siete postes son necesarios para que no haya partes de total oscuridad en el barrio.

 

Asimismo, nos encantaría poder tener gas natural, justito ahora que el frío empieza a llegar a nuestras casas, que siguen siendo en su mayoría de tarimas y nylon, altamente incendiables con el fuego que es el único recurso que tenemos para calentarnos. Se podría haber avanzado con las obras de las cloacas, que llegaron hasta el barrio anterior, y al nuestro todavía no, dejándonos con pozos ciegos. También podría haberse utilizado ese dinero en la compra de mercadería para los dos comedores que, con mucho esfuerzo, garantizan no solo que nuestros vecinos tengan algo para comer, sino también los del barrio 11 de junio y el Rosa de Guadalupe, llegando a entregar 600 raciones en un día, y a veces más.

 

Incluso podría haberse invertido en nuestro sistema de salud; los salarios de los trabajadores de planta son los más bajos del país y existen muchos trabajadores precarizados anotados como becantes o en ayudantías. Todo esto mientras en la ciudad capital ya hay más de 5800 casos de dengue confirmados.
El Consejo Médico denunció hace poco en un comunicado la carencia de insumos y elementos apropiados para atender, así como reclamó pagos complementarios, descansos compensatorios y provisión de equipos de bioseguridad seguros.

 

Para igualarnos no es necesario un show de luces, es necesario que se garanticen derechos básicos que nos fueron históricamente negados, y que duren mucho más que el destello de una noche.



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