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Una lección de los argentinos



 

* Por Francesc Orella, «Merlí», 
para La Garganta Poderosa. 

El contundente mensaje que las urnas dieron desde Argentina no sólo viene a ponerle un límite al gobierno, sino también al neoliberalismo salvaje que impera en buena parte del mundo y en casi toda Latinoamérica. ¿Cómo? Manteniendo los privilegios de unos pocos favorecidos y ensanchando una distancia abismal entre la clase social más alta y una inmensa mayoría empobrecida que la está pasando demasiado mal. La cara de Macri representa en esas elecciones a una derecha retrógrada y transnacional, tan hostil a los cambios verdaderos como a las conquistas de los sectores populares. Y sí, sus métodos pueden maquillarse, pero su objetivo no: sólo les interesa el poder, para que nada cambie.

Observar todo lo que viene padeciendo el pueblo argentino da tristeza, pena e indignación, porque son esos privilegiados quienes juegan con la vida de las personas. Pues claro que cualquier presidente amerita un respeto a su investidura cuando ha sido elegido democráticamente, pero eso no lo exhime de las prácticas autoritarias que requiere el usufructo de las estructuras estatales al servicio de intereses mezquinos. Por eso lo sostienen las Fuerzas de Seguridad. Por eso lo sostienen los especuladores. Por eso lo sostienen los bancos.

Tal como se ha plasmado allí estos últimos años, ese modelo de concentración disminuye o directamente licúa el presupuesto educativo con el fin de redireccionar el dinero de los trabajadores hacia objetivos más prosaicos, para ellos. ¿O cómo explican las muertes de Sandra y Rubén? No las explican; no pueden decir que repudian la escuela pública, por lo mismo que rechazan a la cultura, porque cuanta más ignorancia puedan sembrar, entonces tendrán mayor margen para manipular.

Por suerte, la educación es más fuerte. Y entonces ahora se sorprenden con los resultados electorales, que nos envalentonan para organizarnos desde las bases, para movilizarnos en todas las calles y para concientizar a otros países del mundo sobre las peores injusticias que nos azotan como humanidad. ¡Los necesitamos, argentinos! Necesitamos un pueblo pensante para que la transformación global sea sólida y profunda, no sostenida por las armas, sino por el trabajo de las hormigas que no triunfan por su tamaño, sino por su constancia.

No es fácil, lo sabemos bien, pero la unión hace a la fuerza y por eso sumo mi garganta a todas esas voces, para que también Víctor Jara los aturda con su alarido: “El pueblo unido jamás será vencido”.

¡A por ello, Argentina!

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