Treinta mil cuerpos siguen gritando | La Poderosa
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Treinta mil cuerpos siguen gritando



 

 

 

Marisol Pérez era militante de la Juventud Universitaria Peronista y de Montoneros. Tenía 27 años cuando fue secuestrada junto a su marido, Raúl Héctor Ameri, por el Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía en Rosario el 16 de diciembre de 1976. Los testimonios de sobrevivientes a los centros clandestinos de detención ratifican que la vieron con vida por última vez en el ex Servicio de Informaciones de Rosario que funcionaba en la Jefatura de Policía (hoy, sede de Gobernación provincial).

 

 

Marisol compartió su cautiverio en el sótano de ese edificio con Stella Hernández, quien la recordó al declarar ante la Justicia por la causa Feced III. El 25 de enero de 1977 le dijeron a Marisol que sería trasladada y Stella le preparó un bolso con sus pertenencias. José “Pollo” Baravalle, integrante Montonero secuestrado en 1976 y convertido en colaborador de la patota de Feced, se la llevó. Al día siguiente mientras Ricardo Chomicky – militante apresado devenido en torturador – se mostró con el bolsito de Marisol, Nilda Folch – detenida anteriormente a transformarse en colaboradora de los servicios y esposa de Chomicky – lucía puesto su vestidito. En tal escabroso momento se derrumbó la esperanza de ver nuevamente a Marisol con vida.

 

 

El “traslado”, en código militar,

significaba que no la ibas a poder contar.

 

 

Marisol estuvo desaparecida hasta este martes, cuando su cuerpo fue identificado en el cementerio de Alpachiri, La Pampa. El Equipo Argentino de Antropología Forense (E.A.A.F.) le comunicó a la familia de la rosarina la identidad del cuerpo, que había sido entregado como el de Analía Urquizo, joven oriunda de la ciudad pampeana, en 1979. Según Stella, las jóvenes fueron asesinadas el mismo día.

 

 

El exterminio sistemático que terminó con la vida de Analía y de Marisol

fue el castigo a una juventud que se animó a soñar con un país mejor.

 

 

 

 

 

 

Iris Pérez, hermana de Marisol, señaló que las muestras de ADN de los cuerpos encontrados en Rosario dieron siempre negativas y que gracias a haber asistido a los juicios se enteró que hubo casos donde a las familias no les entregaron el cuerpo correcto de su ser querido. A mediados de 2015 presentó una hipótesis en Fiscalía pidiendo que se exhumara el supuesto cuerpo de Analía y que se confrontara con su ADN. Siempre hubo dudas por parte de la familia Urquizo sobre si ese era en verdad el cuerpo de la joven pampeana, por lo que decidieron colaborar. El EAAF extrajo una muestra del cuerpo, la confrontó y dio positiva. “Es muy probable que los que están en Rosario sean los restos de Analía”, sugiere Iris.

 

 

Haber reparado la verdad es trascendental, comprobar que Marisol fue asesinada confirma el proyecto que tuvo la última dictadura de “exterminar a todos aquellos que pensaran diferente”. El incansable trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense en Alpachiri culminó como “un triunfo de la verdad y de la militancia que hoy le otorga paz y felicidad a nuestra familia”.

 

 

Este hallazgo no fue casual, la búsqueda no se hizo en vano;

recuperar los restos es el fruto de años de lucha por los Derechos Humanos.

 

 

Cuenta Iris que “con Andrés, hijo de Marisol, que lamentablemente falleció en el año 2017, y Magdalena, nuestra otra hermana, nos propusimos seguir el camino de nuestra madre: No parar de buscar a Marisol hasta encontrarla, o tratar de hacerlo hasta el último día de nuestras vidas.”

 

 

La Memoria no olvida, la Verdad alivia,

y por Marisol y las 30.000 semillas vamos a clamar Justicia

“hasta el último día de nuestras vidas.”

 



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