29 mayo, 2018
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Juicio a la justicia patriarcal

 

El 23 de mayo, las feministas de Abya Yala, un colectivo de mujeres organizadas, llevó a cabo su séptima audiencia contra la justicia patriarcal. Solidarizadas con compañeras víctimas de los tribunales racistas, revanchistas y misóginos en Argentina y en otros países del continente.

 

Hermanadas con las muchas mujeres defensoras de los derechos de sus pueblos y de la naturaleza que son criminalizadas, aseguraron que la palabra cura. Que mientras contar las experiencias nos conduce a la sanación, la violencia judicial asegura una revictimización. La palabra de la víctima se pone en tela de juicio. Nos violan, nos matan, nos velan, aunque hay que escuchar las dos campanas porque nuestra versión «no alcanza», según las fiscalías. Pretenden soltar a quienes cometen las injurias, pero sucede que a esta furia ningún fallo injusto la apaga.

 

Rocío Segovia tenía 15 años y a Génesis de 9 meses en su vientre, cuando su hermana ingresó a su casa y la encontró colgada, en la misma vivienda en que estaba su femicida, haciendo como si no hubiera pasado nada.

 

Nacidas de barrios pobres, atadas a la estigmatización, morimos por ser mujeres y por lo mismo resistimos: nos matan y revivimos, por eso acá decimos, como primavera en flor, que Rocío renace en la lucha: es la villera que se replicó.

 

La fiscal asegura que fue un suicidio, y que Génesis era «un simple feto». La doble vara de la justicia patriarcal: si sos pobre y querés abortar, te tenés que hacer cargo igual. Si te asesinan estando embarazada, fue un suicidio y no era niña.

 

El caso de Rocío no es la excepción a la regla: ante los femicidios es moneda corriente que el Estado se ausente.

 

A Vanesa Selma su pareja la prendió fuego después de una discusion y fue su hijo quien salió corriendo a la calle a pedir ayuda. Al final fue el femicida quien la llevó, y camino al hospital, embarazada de 8 meses, le afirmó «mira lo que hiciste»; culpabizando a la víctima de la violencia machista. ¿Imputado? Nunca, después de 8 años. ¿El juez? El patriarcado.

 

Antes de ser secuestrada, Rosalía recibió catorce llamadas de su profesor de educación física, con quien a los trece años comenzó una relación ilícita. Preguntamos con constancia dónde está Rosalía Jara, la Justicia no responde, se nos ríe en la cara. Apartaron a una madre de su hija de tres años. Este 1 de julio ya se va a cumplir un año: no se fue, la secuestraron. Y si la fiscal tuviera dos dedos de frente,  exigiría su geolocalización urgente.

 

A esta Justicia patriarcal, capitalista, androcéntrica, racista, que no pone los recursos al servicio de sus víctimas, no solo no le interesa combatir la violencia hacia las mujeres sino que tiene el cinismo de decir que la familia la busque si puede. La vulnerabilización es doble: la de ser mujer y la de ser pobre.

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