Aurora Barrial | La Poderosa
Una utopía
Una construcción social
Un colectivo de vecinos anónimos
Una lucha complementaria de las propuestas partidarias populares
Una estrategia de concientización y politización
Un compromiso para el fortalecimiento comunitario
Un espacio para la integración y articulación de los distintos actores del campo popular
Un movimiento revolucionario latinoamericano, para la batalla de ideas, con la moto del Che y por la luz del faro cubano
Población Aurora »

Aurora Barrial



 

Resultaron ser bastante artificiales esos límites supuestamente naturales con los que algún trasnochado quiso separar nuestras raíces, trazando una ridícula línea que divide dos países. Porque en la Patria Baja, existe una ventaja: desde aquí no se ve ninguna mentirosa separación, ¡pues cuánto se parece una “villa” a una “población! A minutos de Concepción, Aurora resiste desde hace 126 años sin posar para la foto, en un terreno donde la ausencia del Estado hace más daños que cualquier terremoto, y donde su comunidad autogestionada ha resuelto más que un gobierno que se empeña en no verla urbanizada. La unidad de los pueblos es real y camina, y crecerá si no dejamos que nadie la mutile… ¡Como a toda América Latina, La Poderosa ya llegó a Chile!

 


 

Letras: Gabriel Chávez.

Fotos: Asamblea Poderosa de Aurora.

 

Del otro lado de la cordillera, de frente a la inmensidad del Océano Pacífico, hace 126 años nació un barrio. Por esas playas, montañas, calles y caminos, el Che y Granado dejaron más que la huella de una moto: desde hace dos meses, a orillas del Río Biobio en el barrio Aurora de Concepción, Chile se subió a La Poderosa.

 

Cuatro generaciones transitaron por esa villa, dejando el legado de la lucha por las tierras y la dignidad. La población Aurora floreció de la necesidad y la hermandad de vecinos y vecinas que se hicieron conocer porque ni Pinochet los pudo doblegar. Y aunque la historia los quiso correr a patadas, siguieron inmutables.

 

Priscila Hernández, vecina y presidenta de la Junta Vecinal, aclaró automáticamente una cuestión: “A lo que ustedes llaman villa en Argentina, nosotros le decimos población”. Priscila siente un apego gigante por su lugar de nacimiento, porque sus cincuenta años de vida los pasó ahí y no es la única con ese arraigo: “Hay viejitos de 80 ó 90 años acá, que nunca se quisieron ir. Y son muy pocas las personas que vienen a vivir aquí”.

 

 

–Priscila, ¿cómo es la historia de la población Aurora?

–Nació en 1892 y, antes de ser una población, era un río. Nuestros abuelos rellenaron seis hectáreas con escombros y tierra que juntaron de los terremotos del 1939 y 1960, además de residuos de carbón que llegaban a la zona. En esos años el apogeo industrial acá era el tren, por eso llamaba tanto la atención Concepción. Casi toda nuestra gente llegó del sur del país. Antes, básicamente era una cuadrita en donde habitaban unas 10 ó 15 familias.

 

–¿Cómo fueron levantando la población?

–La población se autogestionó. Nuestros padres y abuelos fueron los que hicieron el terreno y todo lo que hay alrededor: la conexión eléctrica, el alcantarillado, el agua potable. Y el gobierno no puso un peso, eh, ¡jamás!

 

–¿A qué te referís con “autogestionada”?

–Aquí nuestros viejos llegaron del campo e hicieron todo lo posible para que fuera una población urbanizada, cuando acá no había nada, sólo un río. El Estado nunca se preocupó por nosotros, a pesar de que estemos a diez minutos de Concepción que es la zona más céntrica. Alrededor nuestro todos los barrios están asfaltados, con buenos alcantarillados, y los únicos que seguimos sin urbanizar somos nosotros.

 

–¿Tienen un centro cultural o lugar fijo para las actividades?

–Tenemos a Huracán, un club deportivo social y cultural. Es muy grande y siempre lo ocupamos en las fiestas patrias o en las navidades, porque invitamos a toda la población para festejar. En febrero, por ejemplo, festejamos el cumpleaños de la Aurora. Tenemos la sede vecinal y dentro de poco tendremos una más grande que será nuestro centro cultural. Queremos contar con una biblioteca comunitaria con internet y computadoras. La estamos gestionando para nuestros niños que siempre necesitan para poder hacer sus tareas.

 

 

El 22 de mayo de 1960, uno de los mayores terremotos azotó a Chile, dejando un saldo de casi 2000 muertos. Más tarde, el 11 de septiembre de 1973, comenzó la dictadura en el mismo país que duró hasta el 11 de marzo de 1990 y dejó 28.259 víctimas de prisión política y tortura; 2.298 ejecutados y 1209 detenidos-desaparecidos. A pesar de tanto horror, el barrio Aurora logró mantenerse de pie: “Es muy conocida la población, no sólo por la cantidad de años que tiene, sino también porque nos hemos enfrentado a diferentes gobiernos y aun así seguimos aquí”, aseguró Priscila.

 

 

–En Chile los terremotos han cobrado miles de vidas, ¿cómo los viven?

–Nosotros, prácticamente, estamos acostumbrados a los sismos. Sobre todo en Concepción. Después del terremoto de 2010, que fue muy fuerte, se sintió mucho pánico. Pero conforme transcurrieron los años, ya no se temen tanto: sólo pasan. Y para el terremoto de ese año no sufrimos perjuicios porque ninguna casa se cayó; sólo se desniveló un poco el terreno. Sin embargo, más daño ha hecho el Estado con los desarmes o sacando gente a la fuerza con maquinaria pesada. Eso sí que ha sido un terremoto.

 

–¿Intentaron desalojar vecinos por la fuerza?

–Hubo un momento en que muchos vecinos fueron desalojados con fuerza pública, maquinaria pesada y debimos interceder ante el gobierno para que no lo hiciera o, mínimamente, les dejaran sacar sus pertenencias. Otro de los problemas que enfrentamos es la recolección de basura, ya que empresa encargada de la limpieza no lo ha hecho bien. Por eso hoy estamos lidiando con problemas, porque se llena de ratones en la basura.

 

–¿Cuál es su mayor lucha?

–Nosotros quedamos justo en el centro de corte y, si la ciudad de Concepción quiere crecer, no lo puede hacer hacia los cerros: la única manera es crecer hacia el río. Somos unas 600 familias, estamos hablando de 2000 personas o más. Nuestra lucha siempre ha sido la misma, siempre quisimos que se nos reconozca como pobladores. Y en el año 90, cuando llegó la democracia, la persecución siguió cuando el Estado y particulares confabularon para que el terreno pasara a nombre del fisco, en este caso a nombre del Serviu (Servicio de Vivienda y Urbanismo). 

 

–Y luego de eso, ¿qué sucedió?

–Luego comenzó una lucha más ardua: nos han querido sacar, nos quisieron erradicar. Y todos nos hemos opuesto. Después del terremoto de 2010 fue aún más pesada, porque les dio la excusa perfecta para decir que nos teníamos que ir de aquí. Y luego empezaron a construir un puente que dejaron a medias.

 

–¿Por qué el puente quedó a medio construir?

–Porque lo hicieron sin pensar en nosotros, no contemplaron que estamos en el camino. Hemos ganado luchas para que nuestros vecinos siguieran viviendo aquí, para construir viviendas sociales, y aún nos quedan 150 familias a quienes no les dieron soluciones habitacionales.

 

Si gritamos juntos, nadie nos acallará; si luchamos juntos, nadie nos vencerá; y si caminamos juntos, nunca nos frenarán. Los vecinos y vecinas del barrio Aurora lo entienden perfectamente y Priscila lo asegura con total certeza: “Seguimos por la confianza que nos tienen nuestros vecinos para representarlos y hoy somos unos 400 vecinos de socios”. Y también habló de la forma que tienen de organizar: “Nosotras conformamos la Junta de Vecinos por la Urbanización Territorial, que se compone por seis personas, y que hoy articula con un comité junto a la agrupación sociocultural. Y con ellos nos organizamos para hacer actividades. Somos unos 20 vecinos para ayudar a nuestra gente”. Peleando siempre por la urbanización y por una vida digna, así irán: hasta la victoria, siempre.

 

 

EMBARRIADOS

 

La Villa: El barrio Aurora de Concepción yace asentada a orillas del río Biobío, entre los barrios ribereños de Pedro del Río Zañartu y Pedro de Valdivia.

 

Los luchadores: Con el grito en el cielo, la Junta Vecinal es la que siempre está a la vanguardia de las luchas y la encabeza Priscila Hernández.

 

El desafío: No importa a que país vayamos, los reclamos son muy similares, en Aurora también reclaman la urbanización y luchan en contra de la erradicación.

 

El orgullo: Si de orgullo se trata, siempre ponen adelante el colegio “Madre Domínica” como ejemplo, que fue construida en el año 1959 por los vecinos y vecinas del barrio.

 



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