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¿Qué diría Galeano?



*por Nelson Santacruz, comunicador de la poderosa asamblea de la villa 21-24

 

Ayer se cumplieron tres años de que Eduardo se nos fue; al mismo tiempo que EEUU, Francia e Inglaterra escupieron fuego sobre Siria porque, como un meme dice: “Siria atacó a Siria y quieren impedir, por la paz, que deje de atacarse a sí mismo”.

 

Sabemos que “nunca los informadores informan nada que nos ayude a entender lo que pasa” y que ni se preguntan “quién está traficando con el dolor humano o a quién le da de ganar esta tragedia”. Estamos aislados del conflicto y en una cáscara desinformada, pero sí estamos absolutamente seguros de que hay gente pobre asesinada hace años a mansalva.

 

Todos, me imagino, nos sentimos unos inútiles en este mismo instante ante esa consciencia de que en estos minutos que leemos estas líneas matan niños y niñas, miles.

 

¿Por qué? Por plata. “Nunca hubo tanta concentración de recursos económicos y conocimientos científicos y tecnológicos dedicados a la producción de muerte. Los países que más armas venden en el mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial”.

 

Cada año es más que evidente la hipocresía de los organismos internacionales de paz que fueron creados y tienen su sede en los países verdugos. “Por cada dólar que las Naciones Unidas gasta en sus misiones de paz, el mundo invierte dos mil dólares en gastos de guerra, destinados al sacrificio de seres humanos en cacerías donde el cazador y la presa son de la misma especie, y donde más éxito tiene quien más prójimos mata”.

En este sentido, la historia es una excelente docente y nos grita que esta no es una guerra entre países. “Así ocurrió en la Guerra del Chaco, 1935, donde Paraguay y Bolivia se enfrentaron pero en realidad por intereses petrolíferos donde quienes pulseaban eran Standand Oil contra la Shell, quien finalmente salió victorioso llevándose vidas enteras de la población”. Entonces “las grandes corporaciones petroleras financian los golpes de Estado y en todos los idiomas deciden el curso de la guerra y la paz”.

Nuevamente un territorio, esta vez Siria, tuvo una derrota “implícita en la victoria ajena” donde su propia riqueza “generó siempre su pobreza para alimentar la prosperidad de otros” e “infelizmente no queda otra salida más que la violencia”. Así la fortuna de sus recursos en realidad se convirtió en su miseria, como el oro del Potosí extraído hasta morir por sus propios dueños; los pueblos originarios durante el colonialismo. Hoy el colonialismo es por oro negro, con armas nucleares y el silencio, “ese silencio que cada vez les pertenece a los pocos que lo pueden pagar”.

 

¿Qué podemos hacer nosotros? Saber. Informarnos, difundir, debatir. Que no nos dé lo mismo una muerte acá o allá ya que el origen es el mismo. Porque “las grandes potencias nunca dicen cuándo ha tomado Dios la decisión de otorgarles el monopolio de la vida, ni por qué siguen fabricando armas”. No olvidemos que los próximos podemos ser nosotros, nuevamente, en este giro paradigmático de las resoluciones económicas y políticas en la historia de la explotación capitalista. Recordemos a Galeano por lo que dijo, “que no nos enseñen el olvido de ladrar”.

 



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