El otro gas lacrimógeno | La Poderosa
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El otro gas lacrimógeno



 
 
 

No hay nada que hacer, cuando no podés ver, ¡cerrá los ojos! Y de paso apagá la luz. No los abras, no mires, no razones, nada, como ciego en tu cuarto oscuro. Otra vez. Ahora observate adentro y acordate que afuera tenés 3 hijos, afuera del empleo, afuera del Estado, afuera del afuera. Que te llamás María Correa, que criás un pibe con movilidad reducida y que naufragás en el Barrio Chalet, ése que sumergieron bajo la mismísima mierda de Santa Fe, los Inundadores que la cagaron. Gases de bajo consumo y luces lacrimógenas, ¡pero dale gas! No tanto, que tenés un subsidio de $150 al pedo, porque a la garrafa no llegan. A oscuras, mejor, así evitás la imagen de Cavallo volviendo. Qué, ¿no te bancás la piel de María? Bien, ahora sos Ivana Cavanay, sos sanjuanina, vivís en Villa Marini y tenés que cultivar 3 lucas para los servicios. ¿De Inteligencia? No, de Aranguren. ¿Tampoco te gusta? Bueno, entonces podés convertirte un rato en Segundina Martínez, que hace unos días comenzó a cocinar solamente de noche en la Villa 1-11-14, porque eso de las dos comidas ya quedó atrás.

 

¡Cerrá los ojos y no los abrás!

 

Ahora bajá esa cortina de párpados y recorré la villa de tu propia miseria, como si fueras Carmen Bustos, vecina del barrio Alberdi y sobreviviente del Código de Convivencia cordobés, ¿te ves? Bueno, ahora explicá cómo carajo le pensás cocinar a tus 11 hijos, si tu marido ya no puede laburar, porque te lo devolvieron del último empleo sin indemnización, ni columna. Un verdadero afortunado, en comparación a los habitantes del Camino de Sirga en la Villa 21, una de las cuencas más contaminadas del mundo, donde no queda otra que tomar agua de un dispenser. Y sí, unos verdaderos afortunados en comparación a las vecinas de la Villa 20, que ni siquiera tienen agua, ni trabajo, ni paz.

 

 

¡Qué carajo parpadeás!

 

 

Aguantá, eh, no te calentés, como nuestras casas. Y mantenete frío como la economía, hasta saber cuánto te dura el fuego, bajo el humo que asfixia a Rosa María Troche. Sos formoseña ahora, una madre del Barrio San Juan Bautista que acaba de cobrar $150 para comprar una garrafa de $220, insuficiente para alimentar y abrigar 5 pibes durante todo el mes. Pará, te dormiste, ¿qué hacés? María no duerme como antes, María sueña. Y debajo de sus lozas radiantes, está juntando leña. Buena madera, como vos, que ahora sos uno más, entre los 500 pibes de Ciudad Oculta que nutren al fútbol del club Cárdenas, aunque no la veas ni cuadrada. Cómo la vas a ver, si los $13.291 mensuales pasaron a ser $22.115, un aumento del 66,4% que forzará tu pase a Huracán del barrio La France, por 30 lucas. ¿Ellos pagan la posverdad? No, la electricidad, 76% más de alegría. ¿Imposible? Sí, se puede, todavía más…

 

 

Vos, por ahora, no te despertás.

 

 

¡Cerrá, carajo! Bajá esa persiana de pestañas y fijate cómo se sienten ahora los zapatos rotos de Jorge Zappala. Estás desempleado, tenés 5 personas a cargo y vivís de changas en San Nicolás de Villa María, donde un Salario Social Complementario no basta para cubrir las boletas. Trabajás para pagarlas. Sos boleta. ¡Pero no seas pesimista! Quedate mejor con ese arco iris que se genera entre las velas y la gotera, pintando la tragedia aunque cueste, como si fueras Marina Celeste Tapia de Zavaleta. Azul del frío en invierno y roja del calor en verano, debió dejar de cocinar todos los días “para no gastar el sueldo completo en garrafas”. ¿Saben cuántas usa la muy derrochona? Una.

 

 

¡Mejor seguite mirando, a la luz de la luna!

 

 

Duele, ¿no? Sí, duele, perdoná. Pero no aflojemos acá, hagamos algo: imaginate mejor que sos Carina Azcurraire de la Villa 21, la mamá de sus siete nenes. Y entonces te sentís un poco menos apesadumbrada con el párrafo anterior, porque Celeste todavía se puede dar el lujo de seguir comiendo en su casa, cuando a vos te toca leerlo desde la fila del comedor, rezando bajito, no para volver a complacer el más exquisito de tus antojos, sino para poder comer un platito de arroz…

 

 
Ahora sí,
abrí los ojos,
que te toca ser vos.

 



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