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Un año más, Fidel



 

 

* Por Keyla Rosa Estévez García,
Referente de La Poderosa Cuba.

La Revolución Cubana, esa obra perfectible que construimos entre todos, es el mayor legado de Fidel, que vive y se perpetúa junto a un pueblo que no dejará morir sus ideas. Es por ello que en el primer aniversario de su partida física, los cubanos le rendimos homenaje. Fidel no pasó a la eternidad hace un año, Fidel fue eterno desde que anunció sus planes de liberación. En su concepto de revolución, nos guía cada día; nos conduce en la lucha diaria para la conquista del futuro, no sólo de nuestra nación, sino también del mundo.

 

Hoy, la voz del pueblo es la voz de un Fidel que continúa creciendo como aquella frase grabada el 10 de octubre de 1991, en Santiago de Cuba: “Cada cubana, cada cubano, desde su toma de conciencia, desde su compromiso ético, desde su lealtad a la causa de hacer una Cuba más plena, debe pensar y sentir que para cambiar todo lo que deba ser cambiado, el cambio debe comenzar por cada uno de nosotros”.

 

Fidel condujo a la Revolución por sus transformaciones humanas, políticas y sociales, hasta la victoria, fiel a ese pensamiento dialéctico que se universaliza y cobra fuerza por estos días, llamándonos a fortalecer una inteligencia personal y colectiva, que nos permita maximizar esos conceptos y afrontar los próximos retos. El pueblo de Cuba tiene prohibido no soñar. Al avanzar entre dificultades, como él mismo lo repitió tantas veces, debemos pensar que no hay obstáculos insaltables. Sólo así habrá una victoria, siempre.

 

La filosofía del Comandante resulta imprescindible y sus semillas deben seguir germinando, para que podamos recoger sus mejores frutos. Pues las presentes y futuras generaciones guiadas por el más fidelista de los cubanos, Raúl, tendrán la responsabilidad de seguir forjando la patria, preservar las conquistas alcanzadas e implementar las transformaciones necesarias para seguir adelante. De esa manera, transita su camino La Poderosa Cuba, desde el humanismo y desde la construcción colectiva a partir del diálogo, contrastando ideas con realidad e impulsando mejoras con dignidad, todas en función del bienestar social.

 

De aquí en más, los cubanos tenemos que convertir la tristeza en unidad, para gritar con todas nuestras poderosas gargantas esta reafirmación revolucionaria. Nada ni nadie podrá quitarnos el sueño de continuar construyendo una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible. Será la mejor vía para que los «agradecidos», como dice la canción que lo inmortaliza, logremos homenajear al más martiano de todos los cubanos. Porque jamás, por ninguna razón, prostituiremos nuestra conciencia con mentiras o hipocresía: somos una revolución de razones y corazones. Por eso, nuestra verdad no claudica.

 

Ahora, justamente, millones de hombres y mujeres le haremos otro regalo a Fidel, con el desarrollo de las elecciones para delegados de la Asamblea del Poder Popular. Sin dudas, los candidatos elegidos serán de enorme calidad humana y revolucionaria, como siempre exigió, porque el compromiso de la juventud es sumamente importante para la defensa del país. Sabemos que nunca se fallará. Y en este nuevo tiempo ratificamos que sí, que todos somos Fidel, en la construcción incesante de un país que lucha para eliminar la explotación de los pobres y las desigualdades, regando una educación para todos y defendiendo el uso adecuado de las tierras.

 

A un año, como ven, él continúa entre nosotros, entre millones que debemos invertir ese amor en las nuevas generaciones, en los ojos de Santiago y en los sueños de Rafael, para que nunca nadie olvide la historia que riega la memoria, ésa que un día absolvió a Fidel.

 

Y lo hizo inmortal.

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