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Un corazón valiente



 

Mi nombre es Gilda Morales, vivo en Córdoba, y hace un año y siete meses me sacaron a mi hijo Victorio.

 

¿Entienden? Me sacaron a mi hijo. A mi hijo, que en ese momento tenía 5 años. Por él, armé una carpa al lado de los Tribunales de la ciudad de Córdoba, por él hice una huelga de hambre, por él fui en bicicleta a Buenos Aires. Para visibilizar la lucha por mi hijo, que es la de muchas madres.

 

El padre pidió el cambio de guarda, aludiendo que yo le obstruí el vínculo: un vínculo que nunca tuvo, ni quiso tener. Un cuerpo técnico de familia dijo que el cambio de guarda era totalmente improcedente, ya que él no estaba apto para tenerlo y que además debía verlo con acompañamiento terapéutico.

 

Pero eso no le importó al clero judicial: la jueza Morcillo, en complicidad con el abogado Nicolás Giraudo Esquivo, me sacó a mi hijo con una medida cautelar. Me lo sacó de mi casa, con la policía federal, con armas largas, sin intervención de asesora de familia ni del foro civil ni del penal: o sea, violando todos los derechos de rango internacional de mi hijo. 

 

Después, me metieron presa acusándome de “secuestro”, y quien sostuvo esto fue un secretario del fiscal, el señor Ernesto de Aragón. En la cárcel, donde estuve dos meses, fui víctima de diversas torturas físicas y psicológicas, que resistí, porque lo más grave de todo fue que estuvimos diez meses sin ver a Victorio. Esto, pese a que vive con el padre a 15 cuadras de mi casa. En este momento lo estamos viendo una vez por semana, con acompañamiento terapéutico.

 

Para colmo, a mí me quitaron la responsabilidad parental de Victorio pero no la de mis otros hijos. Y las incoherencias siguen, pues el cambio de guarda fue “por sanción”, algo que no existe en ninguna ley de la República Argentina: esta jueza creó una ley para sacarme a mi hijo.

 

Por esos abusos, puse una foto con el rostro del señor Esquivo en el Palacio de Justicia donde me estoy manifestando y él, usando sus influencias, mandó a secretarios del Tribunal Superior de Justicia, quienes me dijeron  que yo no puedo exhibir una imagen de este señor, porque lo estaba calumniando. Él, que no tuvo problema en injuriarme en cuanto micrófono le pusieran adelante. La policía me amenazó con desarmarme la carpa y llevarme presa, en una acción que se parece mucho, mucho a la represión a la que nos tienen acostumbrados.

 

En este momento hay una causa penal abierta donde se investiga a distintos funcionarios públicos, y la Corte suprema de Justicia de la Nación Argentina abrió mi caso.

 

¿Y cómo está Victorio, que es lo más importante? Desde que me lo sacaron, mi hijo ha tenido una diferencia en su rendimiento intelectual debido a este shock emocional, además comenzó a usar anteojos pues su visión ha sufrido daños…

 

Recuerden: estamos hablando de un niño de 7 años.



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