Más poderosa que Irma | La Poderosa
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Más poderosa que Irma



 

* Por Roberto Fernández Retamar,
poeta cubano, director de Casa de las Américas.

 

Contra viento y marea, literalmente, acaba de finalizar el encuentro “Casa Tomada” aquí, en La Habana, una cumbre de jóvenes y gargantas de toda nuestra América Latina, para seguir gritando y demostrando que resistir es crear. Porque sí, por un momento, pareció que la celebración quedaría arrasada por la inclemencia del huracán, pero las nuevas generaciones congregadas en Casa de las Américas resultaron ser más fuertes que Irma, soplando sus poderosos aires de vida y esperanza.

 

A sólo cuatro meses de haber triunfado la Revolución, en 1960, cuando se fundó nuestra institución, muchos de los que ahora consideramos imprescindibles intelectuales ni siquiera habían publicado su primer texto, mientras que otros apenas ostentaban alguna publicación aislada. Y entonces sí, hoy puedo afirmar que coloquios como éste no sólo permiten dialogar con los grandes pensadores del futuro, sino también revelar que sus mejores creaciones vienen surgiendo desde abajo, desde los sitios más humildes, desde las gargantas históricamente silenciadas, anunciando y alumbrando las causas del mañana.

 

Al toparme con ustedes, en primera instancia, encontré un precioso homenaje al Che, pero de inmediato pude conectar con su sentido más profundo, con este movimiento que florece y merece crecer en cada país de la región. La Poderosa es revolución. Y más aún en este momento riesgoso que atraviesa el continente, cuando los Macri, los Cartes, los Temer y los demás de su calaña, intentan regarnos de silencios. Pues no puedo menos que sentir indignación cuando Trump advierte que procederán ante la «dictadura» de Venezuela, cuando todas las dictaduras del Cono Sur han sido patrocinadas por los Estados Unidos. Y sus cóndores.

 

Las vecinas, los vecinos, sus increíbles asambleas, han tomado por mano propia las llaves que dejaron Alberto y Ernesto, para traer esa moto hasta Cuba, donde ahora encienden otro foco de trabajo territorial, con la inmensa responsabilidad que implica llevar ese nombre, para todos los pobres de la tierra y en primer lugar para nosotros, los soñadores de la Patria Grande. Lo sé, yo también fui joven y sé que nunca son atractivos los consejos de algunos viejos, pero en estas horas siento la obligación de pedirles que se mantengan fieles a sus ideas y a esas convicciones revolucionarias que incuba La Poderosa en Cuba, sin importar las circunstancias, el tiempo o la edad, porque el destino de una América libre necesita revolucionarios que existan, que resistan y que persistan.

 

Hasta la victoria, siempre.

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