Redocente, de Calle 13 | La Poderosa
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Redocente, de Calle 13



Su arma más peligrosa es desinformar a los obedientes, son lamebotas peligrosos, con caras de presidentes, que no han vivido tres carajos de dificultad en su vida; a ellos no le faltó la escuela, no les faltó comida. Y si nosotros hubiéramos tenido sus oportunidades, ya estaríamos graduados de las mejores universidades. Pues no tenemos mucha plata, pero tenemos maestros. ¡Y aquí se aprende como enseñan los nuestros! “Todos esos palazos a la dignidad, se van a traducir en abrazos y en unidad”. Se hacen eternos cuando nos quieren, siempre viven y nunca mueren. Los atacan, nos defienden, los más valiosos nunca se venden y educan pibes desobedientes; así de grandes son los docentes. “De su lucha no depende nuestro dinero, de su lucha depende el mundo entero”, cuando la academia militar enseña normas de vida y los banqueros prometen vivienda y comida, como si no supieran que nadie puede ser feliz a costa del despojo, mientras los guardapolvos resisten al desalojo. “Y no hay que responder a sus alarmas ni a sus provocaciones, porque las armas ya no hacen revoluciones”.
 
 

 

Mantener a la gente inteligente abajo, sin crecer, es la regla más importante de un idiota con poder, ése que no aprende del pasado, un desinformado que no escucha al informado. Algunos llegan idiotas, algunos aprenden a serlo, otros se calzan las botas y tratan de convencernos, pero a nosotros nos ordena la educación y a la represión la ordena un empresario: si nuestra verdad está en el pizarrón, la indignidad está en un gran diario. “Sin grises, porque la escuela pública fue, es y será el alma de todos nuestros países”. Una noticia mal contada es un asalto a mano armada, ante la ira más reaccionaria, cuando creemos la mentira y perdemos la paritaria. “Mis respetos más profundos y sinceros, para todos esos grandes Maestros Villeros”. Hay un chorro de canciones, ¡yo no soy canción! Hay un chorro de lecciones, ¡yo no soy lección! Pues entonces, ¿cuál es el libreto? Si lucho por los que no tienen educación, ¿tengo que ser analfabeto? Nuestras cátedras “son libres y están despiertas”, porque pensamos con las puertas abiertas. “Y por ahí entra mi admiración, a todas esas personas que nos educan el corazón”.

 

 

Ya nos negaron el pasado, ahora le toca al presente: nunca miran para atrás, por si los reconoce la gente. Y eso que nadie sabe, lo estamos enseñando, porque nacimos sin hablar, pero vamos a morir gritando, por lo que fue, por lo que pudo ser, por lo que hay, por lo que puede faltar y por este mismo instante: ¡A brindar por la escuela itinerante! “Que La Poderosa haya llegado donde llegó, habiendo empezado donde empezó, no sólo es algo grandioso para mí o para mi gente, es algo valioso para todo el continente”. Que no, no somos santos marchando, mucho menos caballeros, pero cantando y rimando acorralamos a sus patrulleros. Que sí, en este caso es diferente incitar al desorden, porque cuando la diestra es ley, la maestra es orden. “Los puertorriqueños pasamos por lo mismo, pero aún lo veo con cierto optimismo, a pesar de los televisores, porque confío en los alumnos y en los profesores”. El que controla, el que hipoteca, quiere enfermarte para venderte su biblioteca: “Allá intentan quitar 400 millones de dólares destinados a la universidad, porque les molesta que los trabajadores ejerzan su libertad”.

 

 

Una vez más, levantamos la pancarta del Flaco Spinetta y, con un solo ojo que la lea, volvemos a cambiar el planeta, aunque otros se hagan los distraídos, porque “hoy más que nunca, debemos estar unidos”. Atrévanse, se, se, sálganse del closet, enséñense, sálganse del curro, ¡dejen de callarse porque nos gobierna un burro! Apaleó educadores por pura coincidencia; pues para cometer errores, se requiere Inteligencia. “Ya no necesitan someternos a torturas infernales, porque les basta espiarnos desde las redes sociales”. Caímos, caímos en la escuela pública, maleducados y sin un peso, pero si nos quieren ver parados, ¡dénse una vuelta por el Congreso! Ahí verán, que siempre estuvimos preparados para el tiempo salado, porque cualquiera que camina se debe haber resbalado y, cuando Trump salió a festejar los votos concedidos, “pudimos identificar a muchos racistas escondidos”. Nos caímos, señores, pero nos levantamos en la primera, como se levantan 30 mil flores en primavera.

 

 

Nos embarramos, nos maleducamos y, como las células, nos multiplicamos. “Pueden sumar con prisa, pueden restar con calma, ¿saben por qué da igual? Porque las matemáticas no tienen alma”. Quieren detener el incendio que se propaga, pero hay fuegos que ningún agua apaga y miren si serán memorias combativas, que hasta la historia les huye, porque teme que la escriban. Sabe que los mensajes contundentes convierten a cualquier gerente en un tiburón sin dientes: “Hay que ser un farsante, para culpar de los males al inmigrante”. Qué diferente suena, este Residente a tantas otras personas, como si hubiesen mezclado mal los cromosomas, pero igual podemos vivir con los pies pisando la mierda entre las cloacas que no tenemos, “porque el suelo nos acompaña cuando ganamos y cuando perdemos”. Para darle una definición general, “Calle 13 es transexual”, una mezcla de géneros que vomita afuera del manual. Y este maestro latino aguanta lo que el cuerpo docente sostiene…

 

 

Aguantamos lo que vino.
¡Y aguantamos lo que viene!

 


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2 Comentarios

  1. Excelente lo q leí. Gracias por ser y estar.

  2. Un orgullo saber que hay aguante… y siempre lo habrà

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