De enero a enero | La Poderosa
Una utopía
Una construcción social
Un colectivo de vecinos anónimos
Una lucha complementaria de las propuestas partidarias populares
Una estrategia de concientización y politización
Un compromiso para el fortalecimiento comunitario
Un espacio para la integración y articulación de los distintos actores del campo popular
Un movimiento revolucionario latinoamericano, para la batalla de ideas, con la moto del Che y por la luz del faro cubano
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De enero a enero



El Centro Cultural de la Cooperación se emplaza sobre la avenida Corrientes porteña, y lleva el nombre de Floreal Gorini, militante comunista que dio la vida por el cooperativismo, y quien lo fundó en 2002, años en los que el país sangraba por una herida difícil de cicatrizar. El mano a mano con Juan Carlos Junio, el director del complejo cultural, se dio en nuestra redacción de la ex ESMA, entre galletitas y mate. “A comienzos de la década pasada teníamos un movimiento cooperativo muy importante y, para Floreal, vivíamos en un mundo con una derrota cultural, en un país que había vendido todo. Que eso se aceptara social e ideológicamente, expresaba una pérdida del valor por lo nuestro, entonces el pueblo creía que estaba bien traer lo extranjero y eso era algo muy serio”, recordó.

 

 
Financiado por el Movimiento Cooperativo de Créditos y con la venta de entradas, el espacio “trata de llegar al corazón con el arte, para construir un mundo más justo”. Por esos camarines, salas de exposiciones, una biblioteca y varias aulas, más de 130 mil mentes y mentecitas circulan por año porque “lo que se hace con los niños no es bajarles línea, sino valores humanos con el teatro, los títeres y la música. También hay intervenciones intelectuales como congresos de economía, 10 presentaciones de libros mensuales, 700 actividades culturales anuales y más de 180 investigadores de varias ramas de la ciencia”, explicó Juan Carlos.

 
Este lugar enseña y profesa la cultura, desplegando la intelectualidad a través de la crítica artística. “Nuestra idea no pasa únicamente porque el artista sea muy bueno en lo suyo. Lo buscamos comprometido con la lucha de su época. Para eso es muy importante el fenómeno latinoamericano y el CCC fue una caja de resonancia del continente, porque por ejemplo vinieron Chávez, Correa, García Linera… y muchos intelectuales más. Nos transformamos en un polo que contribuye para que Argentina no solo tenga una cultura europeísta”, explicó.

 
Al ser excluidos en aspectos básicos de la vida humana muchas veces desde las villas nos resistimos a los consumos culturales gratuitos. Caemos en el “eso no es para mí”, como resultante de una peyorativa mirada de una parte significativa de la sociedad, potenciada por los estereotipos mediáticos que establecen quiénes son los merecedores de consumir el arte. Y en medio de esa jungla adversa, nos autocensuramos. “Hay un triunfo cultural de los gobiernos conservadores y de derecha. Es una derrota nuestra porque transforman lo que está en la naturaleza de la sociedad: que todos tengamos acceso a la cultura. Esa autoexclusión es producto de esa visión de elite sobre los sectores humildes y eso se transforma en un muro más grande que el de Trump”, argumentó el director.

 
En el mismo sentido, analizó hacia dónde va la cultura PRO: “Lo que deviene con los gobiernos de Macri y Larreta es una visión de clase y elitista. En la Ciudad de Buenos Aires había muchos talleres barriales y ellos se propusieron destruirlos pero no pudieron. Ellos no solo consideraban un gasto inútil a los trabajadores del espacio sino que querían eliminar la cultura de las villas porque el arte concientiza, libera, te hace dueño de vos mismo y te lleva a la conclusión de que no hay otro camino que unirse y luchar”.

 
Antes de finalizar la nota, quisimos indagar sobre la subsistencia del mundo laboral cooperativo, en un contexto económico adverso, de persecución y de despidos masivos de tantos trabajadores. “Para defendernos debemos tratar de unir fuerzas, hay que ser lo más sociales posibles, protegiendo las raíces y sumando cada vez más gente. Debemos colaborar entre todos en esta lucha cultural y política para transformar nuestro entorno. Nunca hay que quedarse en el individualismo sino que hay que ser solidarios con otros compañeros para crecer juntos”. Juan Carlos nos miraba con cierto brillo en los ojos, las risas cómplices iban y venían a la par de los mates que, a esa altura, ya se empezaban a lavar. Poco importaba, cuando se estaba cimentando lo primordial: el vínculo entre dos espacios que seguiremos apostando por la cultura popular.

El Centro Cultural de la Cooperación se emplaza sobre la avenida Corrientes porteña, y lleva el nombre de Floreal Gorini, militante comunista que dio la vida por el cooperativismo, y quien lo fundó en 2002, años en los que el país sangraba por una herida difícil de cicatrizar. El mano a mano con Juan Carlos Junio, el director del complejo cultural, se dio en nuestra redacción de la ex ESMA, entre galletitas y mate. “A comienzos de la década pasada teníamos un movimiento cooperativo muy importante y, para Floreal, vivíamos en un mundo con una derrota cultural, en un país que había vendido todo. Que eso se aceptara social e ideológicamente, expresaba una pérdida del valor por lo nuestro, entonces el pueblo creía que estaba bien traer lo extranjero y eso era algo muy serio”, recordó.

 
Financiado por el Movimiento Cooperativo de Créditos y con la venta de entradas, el espacio “trata de llegar al corazón con el arte, para construir un mundo más justo”. Por esos camarines, salas de exposiciones, una biblioteca y varias aulas, más de 130 mil mentes y mentecitas circulan por año porque “lo que se hace con los niños no es bajarles línea, sino valores humanos con el teatro, los títeres y la música. También hay intervenciones intelectuales como congresos de economía, 10 presentaciones de libros mensuales, 700 actividades culturales anuales y más de 180 investigadores de varias ramas de la ciencia”, explicó Juan Carlos.

 
Este lugar enseña y profesa la cultura, desplegando la intelectualidad a través de la crítica artística. “Nuestra idea no pasa únicamente porque el artista sea muy bueno en lo suyo. Lo buscamos comprometido con la lucha de su época. Para eso es muy importante el fenómeno latinoamericano y el CCC fue una caja de resonancia del continente, porque por ejemplo vinieron Chávez, Correa, García Linera… y muchos intelectuales más. Nos transformamos en un polo que contribuye para que Argentina no solo tenga una cultura europeísta”, explicó.

 
Al ser excluidos en aspectos básicos de la vida humana muchas veces desde las villas nos resistimos a los consumos culturales gratuitos. Caemos en el “eso no es para mí”, como resultante de una peyorativa mirada de una parte significativa de la sociedad, potenciada por los estereotipos mediáticos que establecen quiénes son los merecedores de consumir el arte. Y en medio de esa jungla adversa, nos autocensuramos. “Hay un triunfo cultural de los gobiernos conservadores y de derecha. Es una derrota nuestra porque transforman lo que está en la naturaleza de la sociedad: que todos tengamos acceso a la cultura. Esa autoexclusión es producto de esa visión de elite sobre los sectores humildes y eso se transforma en un muro más grande que el de Trump”, argumentó el director.

 
En el mismo sentido, analizó hacia dónde va la cultura PRO: “Lo que deviene con los gobiernos de Macri y Larreta es una visión de clase y elitista. En la Ciudad de Buenos Aires había muchos talleres barriales y ellos se propusieron destruirlos pero no pudieron. Ellos no solo consideraban un gasto inútil a los trabajadores del espacio sino que querían eliminar la cultura de las villas porque el arte concientiza, libera, te hace dueño de vos mismo y te lleva a la conclusión de que no hay otro camino que unirse y luchar”.

 
Antes de finalizar la nota, quisimos indagar sobre la subsistencia del mundo laboral cooperativo, en un contexto económico adverso, de persecución y de despidos masivos de tantos trabajadores. “Para defendernos debemos tratar de unir fuerzas, hay que ser lo más sociales posibles, protegiendo las raíces y sumando cada vez más gente. Debemos colaborar entre todos en esta lucha cultural y política para transformar nuestro entorno. Nunca hay que quedarse en el individualismo sino que hay que ser solidarios con otros compañeros para crecer juntos”. Juan Carlos nos miraba con cierto brillo en los ojos, las risas cómplices iban y venían a la par de los mates que, a esa altura, ya se empezaban a lavar. Poco importaba, cuando se estaba cimentando lo primordial: el vínculo entre dos espacios que seguiremos apostando por la cultura popular.



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