¡Justicia para todos los pibes! | La Poderosa
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¡Justicia para todos los pibes!



Las yemas de los dedos buscan unas letras a las que llegan de memoria, por la memoria, porque Emanuel Panetta, el “Güere” Pellico, Raúl Ledesma y José Juncos ingresaron muy, muy jóvenes a nuestra historia. Todos asesinados en Los Cortaderos, todos fusilados por la policía que caza villeros, todos sus nombres se materializaron en nuestra garganta cuando otro joven fue víctima de los palos de la dictadura y su más horroroso resabio: ¡14 años tiene, nuestro vecinito Flavio!

 
El sábado 14 de enero, a las 6 de la mañana, a Flavio y a sus amigos los paró un móvil de la cana cuando volvían al barrio de una fiesta. “¡Póngase contra el patrullero, manga de culiadazos!”, bramó un oficial. Cuando los chicos indicaron su procedencia, comenzó la ronda de estigmatización y violencia: “Ustedes andan choreando”. ¿El precio que le cobraron a Flavio, por no quedarse callado? Le gritaron “cerrá la boca, culiado”. Y lo golpearon en la cara. Y lo ahorcaron.

 

 

Pero no terminó ahí, el Rati Horror Show: sin más razón que haberse acomodado el pantalón, a otro de ellos lo revisaron y encontraron un reloj. “Para mí que esto es choreado”, dijo un uniformado. Y grave, gravísimo fue el error de Flavio, nuestro compañerito, al responder “no lo discriminen”. Otra feroz golpiza. Nuevamente le pegaron en la cara. Nuevamente lo estrangularon. Le quebraron un diente. Lo dejaron inconsciente. Cuando recobró el conocimiento, uno de los policías le contó su mejor chiste: “Eso te lo hiciste vos sólo, cuando te caíste”.

 

 

A Flavio le esperaba más violencia institucional, esta vez ejercida por el personal del Hospital San Roque: no sólo se opusieron a hacerle las placas solicitadas por el centro de salud de Sol Naciente, sino que apenas le dieron ibuprofeno. Una pastillita, que no pudo tragar, pues aún tenía en su cuello las marcas de las Fuerzas sin control. Y una mentira, que nadie pudo tragar, pues a nuestro vecino no le entregaron ningún certificado ni le hicieron ningún control: “No podemos salvo que tenga una fractura, una puñalada, un balazo, o que esté muerto”.

 

 

Porque no es un caso aislado, su poderosa madre Nancy Taibo se presentó como querellante en Tribunales II, y ahora la causa está en la Fiscalía de Distrito nº 1, turno 2, a cargo de Guillermo González. Mientras todos los medios hegemónicos editan a la policía y a sus horrores, llamando “errores” a las masacres premeditadas y “descuidos” a la corrupción sistemática, nosotros seguimos pidiendo justicia: sólo llegará, cuando la represión deje de ser noticia.

 

 

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