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Corazón de Leona



Ojo, capaz leés de reojo y no te interesa, porque nunca se te cruzó por la cabeza ni la más remota posibilidad de terminar aplastado por la bota de tu propia seguridad. ¿Cómo te van a cagar a palos en la comisaría 52, por haber tenido la osadía de levantar la voz? Y mirá si te van a enjaular en un calabozo o adelantarte un veredicto, sólo por encontrarte cara de sospechoso o adicto. Por favor, señor, no sea exagerado, cuánto arte, qué imaginación, ¡el Estado puede rescatarte de cualquier adicción! Si alguien oía su grito, de seguro hubieran corrido para ver cómo ayudarlo. ¿A quién se le ocurriría que “debe cometer un delito, para poder internarlo”? Y si necesitaba una contención, tenía muchos centros de rehabilitación para atender esos temas, salvo que fuera “un chico con problemas”.

Nadie creería que, si alguien estuviera mal, no podría contar con su obra social, ni que un oficial de la comisaría le sugeriría “cuidarse, para que no le pase nada grave”. ¿En qué coartada cabe? Dentro de lo debido, a lo sumo le habrán sugerido que no anduviera solito, ni caminara ligero, ni doblara para la izquierda, “pobre negrito villero de mierda”. ¿De verdad piensan que le van a clavar una pastilla, tan solo por venir de la villa? Tanta hipocresía, que asombra: dónde se vio un policía, que te diga “voy a ser tu sombra”. ¿Y entonces hermano? Y entonces no existe Lugano, todo eso no ocurrió en este país, jamás sucedió: Kiki Lezcano se subió a un remís y nunca más volvió.

¿Por qué no saltaba como noticia, si la primicia tanto los mueve? ¿Por qué no lo encontraba la Justicia, allá por julio de 2009? De todas las fantasías, la más irreal: nadie descansa 60 días en una morgue judicial. Y sí, capaz no se dieron cuenta de rastrillar algunas zonas, “porque no estamos en los 70 y acá no desaparecen personas”, a decir del comisario, que aún sigue tirando rimas con el diario, con la muerte que encubrió y con la industria de la certeza.

Pero bueno, por suerte, Kiki apareció.
Con un tiro en la cabeza.

¿Y saben quién lo encontró? Seguramente no, porque los medios han callado, porque conviene el misterio, porque la madre grita y porque lo halló enterrado como NN en el cementerio de Chacarita. Sí, otro más, debe haber sido otro pobre arrollado en la General Paz, por cruzar sin precaución, entre risas, sin mirar que venía un camión con una bala en el parabrisas, manejado por unos fachos que se dieron a la fuga, tal como hicieron los guachos que atropellaron a Luciano Arruga.

Listo, nos vamos en paz, todo bien, ponemos la pava y volvemos a descansar.

Sólo una cosa más:
Angélica también pensaba que no le podía pasar.



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