Fenómenos naturales | La Poderosa
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Fenómenos naturales



Fenómenos naturalesTranquilo, temporal. Sabemos que mienten. Todo el abucheo del público privado de la realidad, detrás del camarín donde el criminal se viste de natural, esta vez te tocó a vos. No por casualidad, justo a vos, que te atreviste a soplar nuestra verdad, acallada en el barullo de otra falsa tempestad.

Te condenaron por burlar el protocolo del fascismo, la burocracia de la muerte y la diplomacia del racismo: caíste sin avisar y no hubo tiempo para maquillar. Pero vos, amigo, fenómeno y natural, naciste temporal. ¿Qué otra opción tenías? Quizá, para entender tu virulencia, habría que hurgar en la furia que yacía dentro del vientre que te parió. Tal vez, hayas sido abusado por algún violador de la pachamama. O a lo mejor, te hayan discriminado por no ser tan ario como un rayito de sol. Vos no mentís: ya conocemos lo que sentís.

Víctimas de otra inseguridad, esta vez y otra vez, lloramos las villas. Pero no te culpamos, temporal. Ni por el dolor, ni por la muerte de Facundo, que apenas sopló 13 velitas. Porque sea cual fuere el fenómeno antinatural que revolvió esos vientos huracanados entre tus piernas, no era imposible prever tu existencia. Y mucho menos, la nuestra, familias a la intemperie de una sociedad, que redistribuye su pobreza sobre las fronteras de su propia suciedad.

De cómo, cuándo y hasta dónde soplar, se trata esta política, temporal. Aunque tantos nos hayan desestimado años atrás, por no pescar en la misma pecera que todos los demás, La Poderosa supo avanzar al costado de la política tradicional, creando las escenas que hoy podemos soñar. Porque si estamos abriendo centros de jubilados y nuevas cooperativas de trabajo, desde la industria textil, gastronómica o mediática, no se lo debemos a la luminosidad de algún reducto academicista, sino al compromiso y la convicción, aun cuando la abstracta “lógica punteril”, se encarne en hombres capaces de olvidar y mentir. O aun cuando “la mezquindad de clase media”, se vuelva prédica pacifista de los sujetos, nunca más sujetos, que suscriben la defensa belicosa del orden establecido, como quien no quiere la cosa.

A ellos, no les será tan fácil pasarnos por encima, temporal. Porque jamás nos encontrarán seduciendo a la política con un corset intelectual, ni esforzándonos por replicar la última reunión del G20, entre 20 gordos de un bar o 20 gomas de una facultad. La política, para nosotros, está ahí, al lado tuyo. Y en el Congreso, si vamos al Congreso. Y en tu clase, si cursás una materia. Y en tu cocina, si te ofrecés a lavar los platos. Y en tu bañera, si no tenés para el jabón. Rosqueros de la rosca que siempre rosquearon y de la que nunca pudieron rosquear, se rosquean pensando qué carajo harán estos meses, entre la rosca de pascua y la rosca de reyes. Pero eso sí: discuten “política en serio”, mientras los nabos hacemos revistitas, tallercitos y asambleitas, denunciando la misma precariedad que denunciaste vos, temporal.

Te vamos contando todo, todo y un cachito más, sin polarizar los vidrios de nuestra incubadora, ni codificar la señal, porque así se construye la experiencia comunitaria, nuestro editorial y este orgullo nacional: ¡llegamos a los kioscos de todo el país! Serás testigo entonces, estés donde estés, de cómo nos acompañen, de cómo nos respeten, de cómo nos dejen tirados o de cómo mierda harán para que dejen de nacer, todas estas voces que no se dejaron vencer. Porque desde el inicio, estuvimos acá, todos nosotros. Pero nos faltaban ahí, todos ustedes. Y ahora, con aquellos principios, tenemos un medio y tenemos un fin, que siempre continuará.

Confían en vos, temporal, porque los que luchamos jamás morimos de viejos. Y si lográs esquivar las cenizas, quedás siempre pendejo. Así que no se anticipen a la suerte, pesimistas de la muerte, porque hace rato venimos dándole batalla a la hornalla de la “naturaleza”, haciendo ley nuestra rareza. Ya mucho antes de pensar una revista, nacimos como asamblea desde un potrero de Zavaleta, cuando a los fundamentalistas de la corbata les parecíamos demasiado naif. Pero ahora, que nos valoran como actores políticos y elogian nuestro trabajo de base, no vuelven sobre sus pasos para rectificar los tratos peyorativos, ni reformulan el rumbo de sus colectivos. No, simplemente, explican el desarrollo de nuestra organización, por los “fenómenos naturales” que nos remontaron desde el potrero: sí, los huevos.

Cómo fue que levantamos vuelo, nos preguntan, temporal, mientras nos quieren amarrar, como a esos barriletes que venden vendiendo que jamás se venderían. Pero nosotros no compramos, ni compraremos, porque rechazamos ser obreros de sus fábricas de falsedades, para ser cooperativistas de nuestras verdades. ¿Cómo crecen sin negociar pauta oficial, ni publicidad comercial, ni penetración anal? Pues entre todas las revoluciones de nuestro corazón, tomamos las armas de la comunicación. Cortando rutas o presentando infinitas notas en mesas de entradas, mil experiencias comunitarias chocamos de frente contra la muralla de la economía antipopular, donde un sordo escucha los pedidos del pan y un mudo te llama para laburar. Sin opción, salimos a escribir, para hacernos oír. Y así, entrando por su agenda, instalamos la nuestra, aunque tenga menos rating que la señal de ajuste, porque ellos tienen los recursos para abrir piletas con calefacción, pero nosotros tenemos la opción de meternos vestidos o sucios, sin la revisación.

Sólo así, con voz y vos, estaremos un día lo suficientemente organizados para llevar ese poder comunicacional, económico y social, desde las villas hasta al Estado, sin tregua, ni vacilación: será la hora de la urbanización. Y entonces sí, podrás venir cuando quieras, temporal.

Ante la mierda que arrastraste a la televisión, la miseria no resistió. Y la precariedad nos costó la vida. Más todo lo demás. Te llevaste los árboles, las caretas, los techos, las excusas, las mascotas y la normalidad. Por suerte, la normalidad. Porque a las villas no las mata el clima, sino la realidad. Y si no, miren a José, que espera mellizos en Zavaleta, sin respaldo de obra social, ni sociedad de respaldo obrero: “Por la póliza, el seguro y la pensión, sólo tengo un modo de ayudar a mi señora: morirme ahora”.

A tu partida, temporal, quedamos en bolas, nosotros. Pero ellos también. Desde el circo mediático, el arco político y el poder judicial, debieron forzar una respuesta: “Chapas”. Y desde acá, les respondemos con una pregunta: ¿Chapas? Son fantasmas que, temporalmente, pierden la razón; confunden al problema con la solución. ¡Morimos por vivir entre chapas! ¿Y entonces? ¡Nos reponen las chapas! A vos, temporal, que elevaste tu denuncia y te llevaste la precariedad, el capitalismo te dobla la apuesta; te da una nueva oportunidad.

Nos quieren volar, bien lejos, bien chapas, bien muertos. Pero vos, sabio temporal, no te llevaste nuestra voz. Y entonces no les será tan fácil, seguir enfrentando a los pobres malos, malos, malos, con la naturaleza mala, mala, mala. Poco a poco, nos vamos mimetizando, los fiscales de la tierra y los voceros del carnaval, el motor de La Poderosa y la potencia del vendaval, la fuerza del grito y el dolor del funeral. Cuando menos lo esperen, los fenómenos naturales soplaremos al unísono nuestro propio temporal.

 

 

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