Un año con voz | La Poderosa
Latiroide', editorial desordenada »

Un año con voz



Un año con voz.

Un voz cero, de clases altas y golpes bajos, hacía teoría de la relatividad de nuestros derechos. A cabalgar, sin espuelas. A estudiar, sin escuelas. A la vejez, sin infancia. A la salud, sin ambulancia. Al amor, sin lecho. A la vivienda, sin techo. Al deporte, sin comer. A la asamblea, sin poder. A la integración, sin vos. A la expresión, sin voz. De frente, otro voz cero, de clases medias y golpes mediocres, hacía teoría de la relatividad de nuestras izquierdas. Del progresismo, fuera de las casas. Del marxismo, fuera de las masas. Del festival, por la damajuana. De la revolución, por la marihuana. De exprimidos, por la pulpa. De exprimidores, por la culpa. Pero un día, hace un año, pegamos el grito sagrado.

Ahora, es nuestra hora. Porque la evolución de la especie nace en el espíritu rebelde de la juventud, que fuerza sus límites naturales. Ya no queremos radios indigenistas, ni analistas de las villas, ni voceros de la exclusión: queremos radios indígenas, periodistas villeros y voces de la inclusión. Tal vez por eso, nos atacan cuando defendemos a las Madres, como si defendiéramos a Insfrán. O por alentar la Ley de Medios, como si alentáramos a Szpolski. Fuimos «ultra K», al pedir la Asignación por Hijo. Y «anti K», al pedir prisión para Pedraza. Pero aun así, cumplimos nuestro primer aniversario, sin publicidad comercial, ni pauta oficial. Y como ninguno pone plata, miles ponen credibilidad, sobre nuestra subjetividad, sin caretas: un medio, lleno de principios, no es un fin. Desde acá, peleamos por las viviendas, la salud, la educación y el respeto a la diversidad cultural.

Si Julio Bazán conduce «Esta es mi villa», exigimos un casting de caciques tobas para «Este es mi oligopolio». Pero se hacen los boludos. Y entonces, acompañamos a Hebe en el juicio a Clarín, sobre la misma convicción que impulsa esta contratapa, en sintonía con Darío Aranda, parado de manos en Página 12, para que nadie pueda patear bajo la alfombra la tierra que reclamaba Cristian Ferreyra.

De donde venga, repudiamos la opresión, aun cuando no sea tan burda como el macrismo, que ahora va por TEA. Rompiendo la obediencia debida a la condición de clase, la escuela de periodismo supo ampliar la mirada de muchos pibes, con un mensaje progresista, custodiado desde siempre por el archivo «Roberto Santoro» y el aula «Rodolfo Walsh». Pero hoy, contra la resistencia de valiosos estudiantes y talleristas, padece un acelerado proceso de desmantelamiento ideológico, desde el arbitrario despido de Guillermo Blanco, uno de sus directores, por decisión de Carlos Ares, históricamente ausente de la gestión académica, hasta su reciente enclave como punta de lanza pro, tras administrar el Bicentenario en la Ciudad. De una, cayó con la redacción de «La Maga», un atentado a la inteligencia camuflado con telarañas de «periodismo puro», pero los jóvenes putearon por la mano negra, o amarilla, y la revista debió volar de ahí. Poco después, sacudió otro rumor: «El premio ‘Al Maestro con Cariño’, para Lanata y Viau». Por la polvareda que levantó, se canceló. Y la frutilla del postre se la comió La Garganta: tras convocar a Paola Vallejos, redactora de la Villa 21, para sus «Premios Estímulos», la borraron, sin explicaciones. ¿Más? Del correo que mandamos indignados, reenviaron un recorte a todos los medios, para hacernos quedar como unos pedantes, cuando sólo exigíamos que nos dijeran quién ordenó la marcha atrás. Curioso, casi tanto como las inéditas invitaciones a María Eugenia Vidal y Federico Pinedo, para sus clásicas conferencias. Algunos escépticos asocian estos sucesos a la militancia del nuevo gestor. Y otros, loquitos, desequilibrados, se atreven a insinuar que la apropiación del semillero sería parte fundamental del nuevo multimedio pro, que jamás compró cultura popular. Pero quiere bajarla con el Ares.

TEA party al margen, sin diploma, ni diplomacia, La Poderosa sigue avanzando, para combatir el tumor del ego que aniquila a tantos militantes y comunicadores, cuando el chip que los mueve no radica en la justicia social, sino en la jactancia de ciertos dones mesiánicos que se adjudican por haber leído algún librito del Che. Sabio, Ernesto los arrastra y los deja ahí, frente al dolor y sus privilegios. Pero intolerantes, huyen de su doble faz, multiplicando la fragmentación estéril, con experimentos asistenciales, donde la estética política luce pura, porque su proyección económica es nula.

Como si fuéramos idiotas, seres divinos decoran un mercado cerrado y preexistente, que va del choripán a la feria, para que el escaso capital villero circule como bobo, enjuagando culpas ajenas, sin alterar jamás la dinámica dominante. No proponen economía popular como disparador de un plan emancipador, porque no lo tienen. Y entonces, suena más fuerte La Garganta, que no nació, ni morirá como un producto bruto: nuestro brazo literario golpea, para discutir fuerte la moratoria de las problemáticas villeras.

No por fortuna, todo el 2011 recurrimos a personajes de gran influencia social, alcanzando a 22 mil lectores por mes, con las historias restringidas para 22. Sabemos bien que al mundo no le faltan famosos, pero también sabemos del contexto histórico. Y desde ahí partimos, sin cambiar nuestro eje, que no está en las celebridades, sino en su mochila, porque de nada serviría el Chizzo, si no viniera trayendo la sal de nuestros barrios.

Tras largos años a las sombras, hoy asoman focos poderosos en casi todas las provincias, para debatir el horizonte del año entrante. Pues en tiempos de alta macroeconomía, hay aún demasiados recursos que bajan de la terraza, pero no llegan a planta baja, porque se quedan en el cuarto piso, donde un colchón de militancia rentada amortigua las monedas que caen y la efervescencia que sube, reemplazando la inclusión de los excluidos por el salario de los incluidos que, en teoría, nos representan.

Así, buena parte del activismo se enmaraña en un espiral sicodélico, que debate por las tierras, pero sin los pueblos originarios que esperan todavía el registro catastral. O por la repartija, pero sin los marginados del binomio Capital/trabajo. Por esos sujetos políticos, que ni siquiera figuramos en la lista de buena fe, la «militancia territorial», como estrategia política, no acaba en el territorio. Y «la política», como estrategia territorial, no acaba en el partido, el gremio o la universidad. Si lo saben, ya no subyuguen a nuestras villas al rol del acompañante terapéutico para líderes iluminados, que pasan las fiestas lejos del barrio y, entonces, nunca cortan la rosca.

Sin dudas, el año nuevo será feliz. Porque atravesando el humo, nos quemamos, pero resistimos, por los que están y los que faltan, mientras nos fumarnos las máximas de los mínimos. «¿Quién pone la plata?». Pobres, ponemos la vida. Y ahora, nos invitan a seminarios de economía social. «Si no los sostienen, van a durar dos meses». Pobres, nos sostiene Rodolfo. Y ahora, nos convocan de sus canales. «Se van a apartar de lo territorial». Pobres, vivimos acá. Y ahora, nos escuchan los que jamás nos escucharon, porque nos temen los que siempre nos dieron miedo. Sólo doce meses después, nos lloran las manos, nos late el cuerpo, nos transpiran los ojos y nos tiembla el corazón. Pero qué mierda importa. Si vos contás con nosotros. Y La Garganta, ya cuenta con voz.



Compartir Esta Publicación En