La Garganta Poderosa, un acto de libertad | La Poderosa
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La Garganta Poderosa, un acto de libertad



La Garganta es periodismo libre.La historia dirá que todo estalló un 1º de enero. Todas las voces al unísono, todas las plumas afinadas, todos los lentes en foco, todas las teclas de pie, detonarán en un grito que no saldrá de ningún embajador periodístico, ni de ningún vocero progresista, ni de ningún autoproclamado portavoz de las luchas que no ha luchado y los barros que no ha pisado.
Ahí, justo ahí, en “La Garganta de los barrios”, está naciendo el grito que será estruendo en el primer minuto del próximo año, un grito del alma, desde las entrañas del poder popular. Con la pluma de Santoro, en la casa de Mugica, junto a la moto del Che, por las venas de Galeano, con los pulmones de Miguel, sobre la rayuela de Cortázar, será victoria para José Martí: el primer día del 2011, en el 52º aniversario de la Revolución Cubana, saldrá a la calle “La Garganta Poderosa”, la primera revista mensual pensada, redactada, ilustrada, fotografiada, edificada, pintada, electrificada, dirigida y financiada por la organización popular de numerosas asambleas vecinales, florecidas desde lo más profundo de los pueblos históricamente vapuleados y estigmatizados por los grandes medios de comunicación.

La Garganta tiene horizonte cubano.Son tiempos de nuevas leyes, de nuevos medios, de nuevas voces. Y en La Poderosa, cuando decimos nuevas voces, no decimos nuevos voceros. Ni más espacio para progresiestas que se vanaglorian de sus teóricas luchas, sin poner el cuerpo jamás. No hablamos de “estrategias” para iluminados, que casualmente se benefician con el sinfín de alianzas que incluyen al monopolio, pero no incluyen a los compañeros. No hablamos de seguir aumentándole el ego a todos esos comerciantes del discurso izquierdoso que proclaman ir a los entrenamientos para escribir de un equipo de fútbol, pero consideran innecesario pisar nuestros barros para abordar sus problemáticas y adjudicarse su voz. No hablamos de cumplimentar la normativa del porcentaje permitido y prestablecido que ofrecen los multimedios para hacer de progresistas sin hacer ruido, como si el progresismo no empezara justo ahí, donde la desobediencia empieza a hacer ruido. No hablamos de redistribuir la torta de los medios entre los mismos de siempre, que se disputan tan enfáticamente las condiciones de su explotación y las vanguardias de voces que jamás escucharon, ni les interesó escuchar.

Violencia es mentir.Acá, en La Poderosa, cuando hablamos de nuevas voces, hablamos de un consejo de dirección conformado por la totalidad de los vecinos de las asambleas vecinales, esas mismas que financian la revista y se ocuparán de su distribución, esas mismas que acordaron publicar solidariamente los anuncios que verás desde el domingo, esas mismas que consensuaron poner los títulos abajo, “porque para nosotros todo lo importante está abajo”, esas mismas que eligieron atravesar las páginas de la primera edición con el alfabeto qom, en reemplazo de la numeración occidental, en homenaje a los pueblos originarios, históricamente saqueados y asesinados. Hablamos de una revista que nos permita colgar mañana en nuestra redacción las fotos de los comunicadores nacidos en las entrañas del barrio, sin falsos lauros para los que regentean la mano de obra villera o la tinta manchada de pasta base, como putísima plataforma de marketing o de aval moral. No, no. Esta vez, no. Esta vez, mandamos nosotros. Y agárrense el culo los mercaderes de la desinformación, pero agárrenselo bien, porque desde el 1º de enero, La Garganta va a gritar.
Quizá vomite, quizá cante, quizá ría, quizá escupa. Pero que va a gritar, La Garganta va a gritar. Sin el micrófono desenchufado de Clarín, sin la concepción elitista de los ratones de biblioteca y sin el disfraz troskista de tanto hamburguesado que vende mentiras refritadas, mientras come sin culpas en el burgués king, diremos basta de mentir a nombre de Zavaleta y basta de mentir a nombre de Cuba, ustedes que piensan en inglés y también ustedes, que andan hablando de Fidel y el Mundial 78, sentados a la misma mesa que Herrera de Noble. Qué picardía que habiendo aprendido tan bien las palabras que los 30 mil decían, no hayan podido prestar ni un minuto de atención a todo eso que los 30 mil hacían. Curiosa moral esa que alteramos los “troscos”, “rupturistas”, “extremistas” y “peronchos”, pero no alteran las huidas cobardes del compromiso, ni la adicción a los beneficios de los beneficiados, ni los hijos apropiados de la señora que paga la cuenta del supermercado.
Cuando hablamos de nuevas voces, en La Poderosa, hablamos de una revista pensada para los barrios excluidos de la totalidad de los medios masivos de comunicación, excluidos también de tantos otros canales de comunicación, reales o virtuales, tradicionales o alternativos, que no excluyen desde la economía, porque no les hace falta cuando tan bien excluyen desde su mensaje, desde su lenguaje, desde su intelectualidad, desde su estrategia exclusiva, desde su clase mediocre, desde su cultura suprema y desde su absurdo ego, autoconvencido de tener entidad para encarnar causas que jamás abrazó, porque ni siquiera las tocó; causas que apenas, a veces, quizá, con suerte, como mucho, ha intentado narrar.

Son tiempos de nuevas voces y vamos a pelear por la nuestra, como siempre, con todo el poder de nuestras asambleas vecinales, pero ahora también con nuestra propia voz, impresa en papel, esa mágica materialización de los sueños que no se pierde, ni se perderá en el espacio virtual, tan poblado de muros, inútiles para las casas sin techo. Son tiempos de nuevas voces y vamos a pelear por la nuestra, como siempre, con balas de fotografía y plumas de cañón, ahora organizadas desde nuestro lugar en el mundo, un estudio donde no sólo se estudia, una redacción donde no sólo se redacta, una sala de reuniones donde las El fuego de los arremangadosreuniones se salan, como dios manda; sin dios, ni patrón.
Compañeros carpinteros, compañeros redactores, compañeros electricistas, compañeros fotógrafos, compañeros pintores, compañeros dibujantes, compañeros, compañeros y compañeros nos arremangamos y trabajamos dos semanas seguidas, casi sin parar, casi sin dormir, para que ya estuviera lista “La Garganta de los barrios”, ese embrión donde se incubó la primera edición de la revista.

Hace días, unos pocos, en un galpón oscuro de un barrio embarrado, sobre la tira Ernesto Che Guevara, se empezaron a alumbrar las paredes opacas, el piso polvoriento. Y repasando la historia de las voces, los barrios y los barros, todo el colectivo que trabaja en la revista decidió enclavar allí una máquina Olivetti, como símbolo de tantos que pelearon para que tuviéramos nuestra propia voz, para que ahora nuestra garganta pudiera gritar. ¿Qué periodista recordado salió de nuestros barrios? ¿Qué fotógrafo? Cuán poca prensa han tenido y cuánta sangre ha corrido, para que este presente pudiera ser verdad. Nos toca vivirlo. Nos toca. Vivirlo.
Pasó el tiempo y el dolor, el frío y el calor, el sueño y el terror. Y ahora, esa máquina de escribir está llena de vida, en el viejo Redacción y revolución.galpón que hoy brilla con los colores de Cuba en toda una pared, frente a otra donde la mirada inconfundible de Rodolfo recuerda que “el periodismo es libre o es una farsa”. Y allá, las fotos más emblemáticas de nuestros barrios, de la Villa 31 Bis, de Zavaleta, de la Villa 21-24, de Fátima, de Rodrigo Bueno y de las ranchadas; trincheras de resistencia que aportan recursos y sueños de sus propias asambleas para que vecinos del barrio se puedan formar en una cooperativa que impulsa la comunicación comunitaria, pero comunitaria de verdad, desde la educación popular, pero popular de verdad.

Desde el domingo estaremos entregándote nuestra primera edición. Rompiendo la normativa como nos enseñaron que no se debe. Cagándonos en las estructuras como nos inculcaron que no lo hagamos. Dinamitando los moldes, aunque estallen contra tu cabeza. Recuperando el papel, para limpiarnos el culo sobre un inodoro compartido con esos que Internet ya olvidó. Sembrando crónicas en el barro, para contarles a muchos lo que a muchos les pasa. Entrevistando a nuestros propios vecinos para construir nuestra propia historia, imposible de reconstruir mediante un archivo de esos diarios que apenas se ocuparon de destruirla. Acribillando las cinco preguntas importadas del periodismo hegemónico, para instalar los cinco por qué de una Latinoamérica que todavía lucha por preguntar. Escribimos nuestra historia.Dando vuelta por fin la pirámide, esa pirámide cuya base aplastaron, vendieron o exprimieron, porque, con o sin barba, jamás les importó.
Ya no hay paredes opacas, ni suelos polvorientos. Ya no hay sostenes que puedan cortar. Que ni los busquen. Que no se esfuercen. Da igual. Venimos creciendo de abajo, y corten los hilos que corten, no nos verán caer. No se trata de hilos dorados gobernados por un titiritero de la imprenta y del capital. Ni se trata de hilos invisibles, capaces de hacernos bailar al ritmo del salario, el prestigio y la ambición. Se trata de un movimiento que lleva años, que lleva miles, que lleva sangre, que lleva vida. Se trata de un sueño, que con los ojos cerrados no se puede soñar. Se trata de un viaje más allá de vos, de una fuerza más allá de mí y de una revolucionaria convicción más allá del lucro individual, ese pervertido violador que a tanto progresista ha sabido desnudar.

Podrán satanizarnos, sí. Y podrán decir que somos “troscos”, como dicen de tantos que luchan por lo que ellos no se animaron a luchar. Y podrán decir que somos “peronchos”, como dicen de muchos que luchan por lo que ellos ya tienen, a fuerza de no mirar. Y podrán decir que somos “inmaduros”, como dicen de todos esos que los interpelan, justo al borde del chiquero de su achanchamiento. Y podrán decir que somos “extremistas”, como dicen de todos aquellos que no llegan al extremo de cagarse en los demás para no ensuciarse su pulcro culito de porcelana.
Podrán decir lo que quieran, pero ya no podrán detenernos. Nunca más. Sin remedio, ni aviso, ni zanahoria, ni capital, llegó la hora. Y pase lo que pase, digan lo que digan, La Garganta va a gritar. ¡Feliz sociedad y próspero Hombre Nuevo! La historia dirá que todo estalló un 1º de enero.

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

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