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Obdulio no se vende



ObdulioEl Mundial se acerca y desde los medios nos invadirán con el repaso de los mejores goles de la historia, los cracks de todas las épocas y los partidos inolvidables. En ese rubro hay uno que sobresale.
Se trata del Maracanazo, como pasó a llamarse para la posteridad a la final de la Copa del Mundo de 1950. En Brasil, en un estadio Maracaná que según las diferentes versiones estaba colmado por entre 100 y 200 mil hinchas locales, el seleccionado uruguayo dio vuelta un partido increíble y se coronó campeón.
 
Aunque no marcó ninguno de los goles de la Celeste, según todos los presentes el que ganó el partido fue Obdulio Varela. El Negro Jefe, como lo apodaban, era el capitán de su equipo, palabra ésta que bien sabía defender también afuera de la cancha.
“Hay que desterrar el individualismo, el afán de lucir sólo para el público si se quiere ser un buen jugador. No hay mejor jugador que aquel que juega para el equipo. Si se dieran cuenta muchos pibes de ahora lo que significa eso”, apuntó Obdulio en una de las pocas entrevistas que dio en su vida. “Yo nunca lo pude entender. Nunca llegué a saber qué es eso de la fama. Nunca me gustó, al contrario, fue una molestia, una incomodidad, un fastidio. ¿Fama? ¡Por favor! ¡Déjenme vivir tranquilo!”, era lo que pedía el hombre que, apenas unas horas después de aquella final que lo transformó en leyenda, se sintió triste. Uruguay era campeón y él, señalado por el mundo como el gran artífice de ese logro, era el único uruguayo que sufría al ver la desolación del pueblo brasileño.

“En Brasil había duelo. Los cajones de cañitas voladoras flotaban en el mar. Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos boliches para tomar unos chopps y caímos en lo de un amigo. No teníamos un solo cruzeiro y pedimos fiado. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban llorando todos. Parecía mentira; todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. De pronto veo entrar a un grandote que parecía desconsolado. Lloraba como un chico y decía: ‘Obdulio nos ganó el partido’ y lloraba más. Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el carnaval más  grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo había arruinado. Me sentía mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera Osvaldo Soriano.sido lindo ver ese carnaval, ver cómo la gente disfrutaba con una cosa tan simple. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿que era eso ante tanta tristeza? Pensé en el Uruguay. Allí la gente estaría feliz. Pero yo estaba ahí, en Río de Janeiro, en medio de tantas personas infelices. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía pero también me dolía”, le contó una vez a Osvaldo Soriano y el periodista y escritor lo transformó en un cuento, donde también el protagonista relata cómo continuó esa noche: “El dueño del bar se acercó a nosotros con el grandote que lloraba. Le dijo: ‘¿Sabe quién es éste? Es Obdulio’. Yo pensé que el tipo me iba a matar. Pero me miró, me dio un abrazo y siguió llorando. Al rato me dijo: ‘Obdulio, ¿se vendría a tomar unas copas con nosotros? queremos olvidar, ¿sabe?’. Cómo iba a decirle que no”.

Como Obdulio no era un tipo de callarse lo que pensaba y le gusta luchar por lo que le parecía justo, tuvo que acostumbrarse a vivir como un perseguido. ”Muchas cosas me dolieron. Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos. Desde entonces me encapriché y me negué a salir en las fotos que tomaban al Obdulio con la camiseta de Peñarol. Sin publicidad.equipo en la cancha. Cuando mis compañeros me pedían que saliera, me ponía de costado y miraba para otro lado. Una vez los cronistas hicieron un planteo a Peñarol y el club me llamó para convencerme de que tenía que ser amable y salir en las fotos. Entonces les pregunté: ‘¿Para que me contrataron? Para sacarme fotos o para jugar al fútbol?’. Ahí se terminó el incidente. No quise saber más nada con dirigentes ni con periodistas que escriben lo que quieren los que mandan. El fútbol está lleno de miseria. Dirigentes, algunos jugadores, periodistas, todos están metidos en el negocio sin importarles para nada la dignidad del hombre”.

Por esas cosas, mucho más que por haber logrado una proeza deportiva, es que hoy recordamos a Obdulio. Y ya que hablamos de un uruguayo vamos a dejar el final de esta nota en manos de un compatriota del Negro Jefe, otro amante de la pelota y otra persona que nos marca el camino. Escribió Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra: “A mediados de los años cincuenta, Peñarol firmó el primer contrato para lucir publicidad en las camisetas. Diez jugadores aparecieron con el nombre de una empresa en el pecho. Obdulio Varela, en cambio, jugó con la camiseta de siempre, y explicó:
-Antes, a los negros nos llevaban de una argolla en la nariz. Ese tiempo ya pasó”.

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